Delitos emergentes: ciberdelito y delitos de odio

Existen delitos como el ciberdelito o los delitos de odio en los que actualmente las personas mayores no son víctimas numéricamente destacadas, pero las cifras y los cambios sociodemográficos de este grupo invitan a reflexionar qué puede suceder a medio plazo. ¿Pueden convertirse en delitos emergentes en este grupo de edad?

En esta sociedad de cambios tan rápidos, los delitos cometidos contra las personas mayores no están exentos de estas variaciones. Así como en el ámbito criminológico se habla de delitos emergentes para referirse a nuevos tipos de violencia como el bullying o ciberbullying o la violencia filioparental, creo que también desde el ámbito gerontocriminológico es necesario comenzar a prestar atención a delitos emergentes en relación con las personas mayores como el ciberdelito y los delitos de odio.

Es cierto que, actualmente, este grupo de víctimas no es tan significativo estadísticamente como otras edades de población más jóvenes. El ciberdelito es actualmente un fenómeno más frecuente en población joven y adolescente. Los delitos de odio se cometen principalmente por motivos étnicos o religiosos minoritarios o asociados a la identidad y orientación sexual, aspectos que, a priori, descartaría a las personas mayores como víctimas ya que en este grupo de edad no son tan relevantes como en edades más jóvenes perfiles de personas con estas características que generan este tipo de delitos.

Sin embargo, el incremento poblacional de las personas mayores y sus nuevos estilos de vida, con una presencia cada vez mayor en el espacio virtual o en el público, irán asociados al desarrollo de factores de riesgo frente a estas victimizaciones. De hecho, las cifras del Anuario Estadístico del Ministerio del Interior de 2015 y 2014 indican incrementos en este tipo de delitos en este grupo de edad que podrían ser un indicador de estos cambios.

Ante esto se me ocurren algunas reflexiones antes de comenzar a investigar sobre este fenómeno…
Así, por ejemplo, las personas mayores utilizan cada vez más internet; siendo una generación con una menor socialización en estas nuevas tecnologías, ¿pueden ser más vulnerables frente a este delito?
Por otra parte, en la medida en que las personas mayores adquieran más relevancia social y, además de incrementarse numéricamente, comiencen a compartir con otros grupos de edad rasgos que motivan los delitos de odio —identidades y opciones sexuales diferentes a las tradicionales, orígenes étnicos y religiosos distintos a los mayoritarios—¿se incrementará su vulnerabilidad frente a este delito?

Sigo reflexionando sobre estos temas…

Iratxe Herrero Zarate©2015