Covid-19, Personas mayores y maltrato intrafamiliar

GC GABINETE

QUÉDATE EN CASA. Este es el lema de la medida que nos protege frente al Covid-19. En casa estamos seguros frente a la enfermedad. Es así.

Pero, tristemente, este confinamiento que nos protege del contagio coloca en una posición de mayor vulnerabilidad a quienes lo comparten con personas que les maltratan. Si esta realidad es de por sí dramática, estos días de cuarentena se agudiza porque los posibles momentos de respiro al poder usar el espacio público quedan anulados.

Según se ha publicado en algunos medios de comunicación, se ha activado una campaña para que las mujeres víctimas de violencia de género puedan solicitar ayuda en farmacias utilizando unas palabras concretas. La iniciativa es loable. Debería poder aplicarse también a otros grupos de población que sufren otros tipos de maltrato intrafamiliar.

Sin embargo, cuando estas víctimas son personas mayores no van a comunicar su situación. ¿Motivos? No van a salir a la calle, porque hay que quedarse en casa; no van a poder hablar, por dificultades derivadas del deterioro cognitivo, por ejemplo, o sociales: quien les maltrata no lo va a permitir o no van a tener a quien les escuche. Y, sobre todo, no van a querer hablar: el miedo a las represalias, el vínculo afectivo con quien les maltrata —¡qué terrible paradoja!— van a ser sus peores barreras para salir de esta dramática convivencia.

Ahora de manera más acuciante, me inquieta pensar quién les da voz; quién denuncia por ellas, quién y cómo se les protege. Desgraciadamente, por los motivos anteriormente señalados las soluciones son muy complejas; aunque a veces Pepito Grillo me interpela ¿no está abonada una parte de esta dificultad por falta de interés de entrar en un ámbito que requiere implicación social, profesional y política? En cualquier caso, sean cuales sean los motivos, no hay razón para no actuar.

Mientras se articulan medidas, espero que visibilizar esta dura realidad sirva, al menos, para despertar la conciencia social sobre este fenómeno oculto que se intensifica durante esta cuarentena pero que, desgraciadamente, no terminará cuando podamos salir de casa, abrazarnos, tomarnos un café o ir de compras. Cuando esto suceda, cuando recuperemos la vida pública, seguirá habiendo personas para las que estar en casa o volver de la calle a casa, siga suponiendo un confinamiento diario de su libertad. ¿Nos olvidaremos de quienes siguen viviendo bajo el miedo en un lugar que sólo tiene de hogar el nombre?

Aprovechando esta llamada de alerta, quiero hacerla extensible para todas las personas de cualquier edad y sexo que sean víctimas de violencia intrafamiliar o residencial y que tengan que convivir más intensamente durante estos días con quien les maltrata.

Y, finalmente, quiero agradecer —¡cómo no!— la labor de aquellas personas (particulares y profesionales) que trabajan para evitar que estas situaciones se produzcan.